20 años mirando al Cantábrico con 1 Estrella Michelin, desde la arena de Salinas

Cierro los ojos por un segundo. El sonido es constante, poderoso, una respiración profunda que lo envuelve todo. No estoy delante de la pantalla del ordenador. Tampoco estoy solo. A mi lado, Ana comparte la misma mirada de asombro. Las manos sobre la mesa, el corazón un poco acelerado. Delante de nosotros, tras una pared de cristal que parece no existir, el Cantábrico desata toda su fuerza. Estamos literalmente sobre la playa de Salinas, en el comedor del Real Balneario, y las olas rompen tan cerca que casi podemos sentir la sal en el rostro. Este es el escenario. Y lo que viene ahora es pura magia.

Isaac Loya se acerca con una sonrisa que desarma. Es la tercera generación al frente de este Balneario con alma real –Alfonso XIII lo inauguró en 1916– y su energía es tan expansiva como el mar que tenemos a nuestros pies. Con él, la formalidad se disuelve en seguida. No hay protocolos rígidos, solo la hospitalidad genuina de quien te invita a su casa, a su historia. Terminaremos, horas después, compartiendo café y risas como viejos amigos. Pero vayamos al principio.

Anchoa sobre verduras Escalibadas, la excelencia del Cantábrico en la mesa.

El menú que dibuja el horizonte

Isaac trae cada plato, con la inestimable ayuda del personal de sala y, con él, una historia. Nosotros optamos el menú gatronómico «Isaac Loya» aunque se puede optar por «La Peñona» o incluso elegir a la carta. Tras unos aperitivos entre los que no falta la Croqueta de Lubina al Pil Pil y un bocado de Pitu Caleya, llega la humilde Anchoa ensalzada por unas verduras Escalivadas. Probablemente el relato más emotivo, nos lo cuenta mientras coloca suavemente la Lubina al Champagne ante nosotros. “Esta receta ya la hacía mi abuelo Félix”, nos dice, y en su voz hay un eco de orgullo familiar que trasciende la técnica. Es sublime. La delicadeza del champagne acaricia la firmeza de la lubina, en un diálogo perfecto que sabe a legado y a ola salvaje. Es el Cantábrico en su estado más elegante. Mirando el reel que hicimos (pincha aquí), puedes comprobar cómo nos capta a Ana y a mí con los ojos cerrados saboreando ese instante, vuelve esa sensación de felicidad pura.

Lubina al Champagne. todo un clásico cocinado ya por tres generaciones.

No fue el único momento. Tras varios pases como el Bogavante flambeado o la Papada Melosa, llegó el Virrey a baja temperatura, un homenaje al pescado donde la textura es un sueño y la grasa bajo la piel se funde en la boca. Por supuesto el dominio de las brasas quedó patente con un Mero en una menier y la calidad de la carne con todo su jugo con un Solomillo de Ternera Asturiana.

Tartar de Mero con Oricios y Caviar Imperial. ingredientes de primera para una improvisación muy crteativa.

Cada creación, desde las reinterpretaciones de recetas familiares hasta las verduras de su finca en Salas, hablan de un compromiso feroz con el territorio. Su despensa es Asturias con los pescados de lonja y carne de los valles son kilómetro cero con sabor a verdad. Los postres, como el Flan de Queso o el Cremoso de Tocinillo son todo un homenaje a la repostería tradicional cántabra.

Papada melosa, Fabes y Caviar Imperial, una mezcla de sabores impresionante.

20 años de estrella, sostenida por las olas

Mientras tanto, el mar no deja de actuar. Es un comensal más. Acompañamos este viaje con los vinos que el sumiller Manuel García elige con precisión de joyero, de una bodega con más de 1.000 referencias que Isaac moldea con sensibilidad. Todo fluye. Y en ese fluir, uno piensa que estar en posesión de dos Soles Rpesol y llevar 20 años con una Estrella Michelin aquí, con este mar a veces bravo, no es solo cuestión de excelencia. Es tenacidad, coherencia y una evolución silenciosa pero constante. Es la madurez de un proyecto que no necesita gritar, porque tiene el rugido del Cantábrico como sinfonía.

Virrey a Baja Temperatura en su propia Marmita, técnica con la que el pescado mantiene toda la grasa bajo la piel.

Al final, como os decía, el café y las risas con Isaac. Nos despedimos con la sensación de haber vivido algo completo. No fue solo una comida excepcional. Fue una tarde de esas que se graban a fuego con un paisaje abrumador de fondo, la cocina con alma junto con la calidez de un chef que recibe y nos despide como amigos.

El Real Balneario de Salinas es mucho más que un restaurante con estrella. Es un pedazo de Asturias donde el mar te abraza, la historia susurra en las paredes y un chef llamado Isaac te cocina, con talento y una sonrisa, la esencia misma del Cantábrico en un plato. Una experiencia, os lo aseguramos Ana y yo, que te cambia por dentro. Como el mar, que nunca vuelve a ser el mismo después de una tempestad.

REAL BALNEARIO DE SALINAS

Avenida de Juan Sitges, 3

33405 Salinas (Castrillón), Asturias

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