Existe una zona en la ciudad de Oporto que cada vez está cobrando más vida por la apertura de lujosos hoteles y reconocidos restaurantes. Se trata de la Rua da Restauração, que limita con el Jardín de los Sentimientos por un lado y el río Duero por el otro. Justo ahí encontramos el hotel Altis Porto, un lujoso establecimiento, con vistas a toda la ribera, la ciudad y la vecina Vilanova de Gaia. Las vistas desde el rooftop, donde se encuentra la piscina tipo infinity, son impresionantes.

Con año y medio de funcionamiento, el hotel se ha convertido en uno de los más deseados de Oporto, no solo por sus instalaciones sino también por su gastronomía, cuya responsable de su ejecución es la joven Rafaela Ferreira. Rafaela, natural de Viseu se formó en la Escuela de Hostelería y Turismo de Coimbra, tras una infancia entre fogones en el restaurante de sus padres. Realizó prácticas en el restaurante Feitoría, donde al final pasó nueve años y donde asumió el cargo de sous chef durante dos años con el chef André Cruz, situado en el Altis Belém Hotel & Spa y galardonado con una estrella Michelin. Pero a pesar de su juventud, cuando comenzó a funcionar el hotel de la ciudad del Duero, no dudó ni un segundo en hacerse cargo del proyecto gastronómico del mismo y en especial de su restaurante, de nombre Exuberante. En julio de 2024, asumió la responsabilidad de liderar el equipo de cocina del hotel, tanto para el restaurante Exuberante, como para el servicio de desayunos o todo tipo de eventos.

Su estilo se define por el respeto a la memoria de los ingredientes y una cocina marcada por la sencillez y el sabor. En Exuberante, ha colaborado con el chef André Cruz para diseñar un menú que incluye opciones plant-based e ingredientes de kilómetro cero. Se centra en «sabores norteños» con un fuerte enfoque en vegetales y productos frescos del norte de Portugal. De hecho, uno de sus restaurantes favoritos es Stramontana de la chef Lídia Brás y donde predominan en la carta recetas clásicas de la cocina trasmontana. El local ofrece una elegante decoración y un ambiente casual contemporáneo con una terraza que le da amplitud y donde se puede disfrutar del menú al aire libre.

En nuestra visita pudimos degustar de una cocina sencilla para compartir, como puede ser una empanada con ras el hanout y queso de cabra, una tarta de cebolla asada a la brasa o el Bacalao “Exuberante” que lleva setas entre sus ingredientes, una creación de la chef con estilo propio. También disponen de platos vegetarianos y veganos ideales para combinar con todo tipo de pescados. La cocina está a la vista y el equipo trabaja con una tranquilidad admirable. La parte dulce está también muy bien ejecutada completando el menú para no dejar indiferente a ningún comensal. La bodega es una selección de vinos portugueses e internacionales y el servicio de sala impecable. Creo que dentro de poco tiempo, las inquietudes de Rafaela la llevarán a proyectos creativos con el desarrollo de fine dining, pues capacidad y ganas de trabajar no le faltan. ¡Totalmente recomendable!

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